
Por Tony Pina
CANCINO ADENTRO.- Hace años este sector dejó de ser la otrora apacible comunidad situada en la margen oriental del río Ozama, donde humilde, pero dignamente vivía el último reducto de los negros africanos asentados en el siglo XVI por la corona española –dotándolos de tierra y títulos de propiedad- para con sudor y sangre construir la antigua ciudad de Santo Domingo, a raíz del exterminio de la raza indígena de Quisqueya.
Cancino se ha degradado tanto que hasta su nombre originario (Cansino, que significa tierra de descanso), también con el correr de los años se ha degradado.
La histórica comarca, vecina del Cachón de la Rubia, Mandinga y Mendoza, ya no es el remanso de laboriosos hombres y mujeres de antes y cuyas raíces africanas se remontan a las tribus de la Costa de Marfil o de Angola, desde donde fueron cazados como animales y traídos a estos lares en condición de esclavos.
De ese caserío de casabe y chicharrones, de palos y atabales, de conucos cercados de bambú para dividir los pequeños cultivos y evitar que fueran arruinados por cerdos y vacas señalados en orejas para reivindicar su propiedad, ya no queda nada o sencillamente ya no existe porque hace tiempo desapareció.
Delincuencia y criminalidad.
-El Cancino de hoy, habitado por miles de familias venidas en las últimas dos décadas de todas las latitudes de la geografía nacional, es ahora “tierra de nadie”, donde culturas y costumbres de antaño quedaron sepultadas en un promontorio de delincuencia y criminalidad incontrolada con una secuela de muertes, robos y atracos que sobrepasa el número de diez víctimas en supuestos intercambios de disparos registrados de febrero a marzo del presente año.
Con una población de aproximadamente 30 mil habitantes, según el Censo de Población y Familia realizado en el 2002, la demarcación cuenta con unos cinco puntos de venta y distribución de drogas, los cuales operan impunemente y, en algunos casos, amparados por policías destacados en el cuartel del barrio. Las propias juntas de vecinos, un total de cinco, han denunciado en varias ocasiones a las autoridades policiales que las pandillas operan en complicidad con agentes.
En el mejor de los casos se han trasladado a los agentes denunciados, pero uno o dos meses después éstos vuelven al destacamento. La tristemente conocida historia del “Cabo Domingo” retrata la complicidad policial con la delincuencia del sector.
El cabo Domingo nunca detuvo un delincuente en sus cuatro años consecutivos que estuvo de puesto en el destacamento. Cuando los vecinos se querellaban contra acciones de identificados pandilleros, el agente les hacía creer que actuaría de inmediato y sin contemplación, pero por detrás enviaba un emisario para que el pandillero “se enfriara” y se escondiera hasta que el querellante, cansado de hacer diligencias para que se le hiciera justicia o amenazado con perder la vida, desistía de darle seguimiento a la acusación.
Con el tiempo se llegó a la conclusión de que el cabo Domingo era sobornado por los delincuentes a cambio de que los dejara actuar a la libre, haciendo del lugar escenario impune de sus fechorías.
Denunciado el cabo Domingo y cambiada la dotación por completo, la Policía en acciones combinadas con la Dirección Nacional de Control de Drogas y el operativo “Ciudad Tranquila” de las Fuerzas Armadas, han mantenido a raya las pandillas.
El modus operandi de los grupos pandilleros es difícil de enfrentar porque es un escenario de difícil acceso, debido al abandono y mal estado de las calles, unido al vínculo permanente con otros grupos vecinos de pandillas de sectores como El Tamarindo, El Perla y Villa Liberación, considerados lugares de alta peligrosidad.
Hay versiones de vecinos que coinciden en señalar que las pandillas de estos sectores actúan de manera combinada y de colaboración mutua, lo que dificulta una acción efectiva de las autoridades antidrogas para enfrentarlas exitosamente.
La falta de instalaciones deportivas presiona la inclinación hacia la delincuencia de la juventud, al igual que la carencia de centros de educación pública. La Escuela Básica lleva más de un año en reconstrucción, lo que ha obligado a una masiva deserción estudiantil.
Actualmente los pocos alumnos que acuden al centro público de enseñanza reciben docencia en patios y en desvencijados locales.
Los apagones, de hasta diez horas ininterrumpidas en algunos meses del año, también incide negativamente para la baja asistencia que se observa en el horario nocturno de la docencia, amén de que una gran mayoría se abstiene de asistir por temor a ser víctimas de las pandillas. Con excepción de la que opera en la escuela pública, en Cancino Adentro no hay otra cancha para la práctica del baloncesto o el voleyball, otro factor que contribuye a que los jóvenes caigan atrapados en las redes de los vicios y la delincuencia.
Insalubridad y abandono.
- Al auge de la delincuencia se suma la arrabalización y el abandono de la comunidad por parte del Ayuntamiento del Municipio Santo Domingo Este o del Gobierno central. Las calles están totalmente abandonadas.
El 99 por ciento de esas vías asemejan arrabales, mientras la insalubridad también golpea con fuerza a sus habitantes. En el sector no hay un solo centro asistencial o dispensario médico del Estado para ofrecer consultas y primeros auxilios a pacientes. Una cañada donde se vierten las materias fecales de ambos lados del barrio ha sido detectada por las autoridades Salud Pública como la principal causa o foco de enfermedades infecto-contagiosas.
A principios de año una gran cantidad de niños y adultos fueron atacados por una rara enfermedad de la piel parecida a la “raquiña”, pero de consecuencias peores debido a los estragos que en sus cuerpos producían los hongos, acnés y otras patologías dermatológicas de difícil curación.
Cuando fueron detectadas las causas, después de muchas pruebas de laboratorios a personas afectadas, se determinó que una de ellas era la contaminación de las aguas de consumo humano. Aunque no se tienen cifras oficiales, la mortalidad infantil en Cancino Adentro es muy elevada.
Sin embargo, se sospecha que la desnutrición es la mayor causa de muerte en los niños. Son patéticos los cuadros de hambre y de insalubridad que se observan en las calles del sector: Niños harapientos, descalzos y famélicos son estampas cotidianas de un promontorio humano cuya existencia dista mucho de los patrones establecidos por la Organización Mundial de la Salud.
CANCINO ADENTRO.- Hace años este sector dejó de ser la otrora apacible comunidad situada en la margen oriental del río Ozama, donde humilde, pero dignamente vivía el último reducto de los negros africanos asentados en el siglo XVI por la corona española –dotándolos de tierra y títulos de propiedad- para con sudor y sangre construir la antigua ciudad de Santo Domingo, a raíz del exterminio de la raza indígena de Quisqueya.
Cancino se ha degradado tanto que hasta su nombre originario (Cansino, que significa tierra de descanso), también con el correr de los años se ha degradado.
La histórica comarca, vecina del Cachón de la Rubia, Mandinga y Mendoza, ya no es el remanso de laboriosos hombres y mujeres de antes y cuyas raíces africanas se remontan a las tribus de la Costa de Marfil o de Angola, desde donde fueron cazados como animales y traídos a estos lares en condición de esclavos.
De ese caserío de casabe y chicharrones, de palos y atabales, de conucos cercados de bambú para dividir los pequeños cultivos y evitar que fueran arruinados por cerdos y vacas señalados en orejas para reivindicar su propiedad, ya no queda nada o sencillamente ya no existe porque hace tiempo desapareció.
Delincuencia y criminalidad.
-El Cancino de hoy, habitado por miles de familias venidas en las últimas dos décadas de todas las latitudes de la geografía nacional, es ahora “tierra de nadie”, donde culturas y costumbres de antaño quedaron sepultadas en un promontorio de delincuencia y criminalidad incontrolada con una secuela de muertes, robos y atracos que sobrepasa el número de diez víctimas en supuestos intercambios de disparos registrados de febrero a marzo del presente año.
Con una población de aproximadamente 30 mil habitantes, según el Censo de Población y Familia realizado en el 2002, la demarcación cuenta con unos cinco puntos de venta y distribución de drogas, los cuales operan impunemente y, en algunos casos, amparados por policías destacados en el cuartel del barrio. Las propias juntas de vecinos, un total de cinco, han denunciado en varias ocasiones a las autoridades policiales que las pandillas operan en complicidad con agentes.
En el mejor de los casos se han trasladado a los agentes denunciados, pero uno o dos meses después éstos vuelven al destacamento. La tristemente conocida historia del “Cabo Domingo” retrata la complicidad policial con la delincuencia del sector.
El cabo Domingo nunca detuvo un delincuente en sus cuatro años consecutivos que estuvo de puesto en el destacamento. Cuando los vecinos se querellaban contra acciones de identificados pandilleros, el agente les hacía creer que actuaría de inmediato y sin contemplación, pero por detrás enviaba un emisario para que el pandillero “se enfriara” y se escondiera hasta que el querellante, cansado de hacer diligencias para que se le hiciera justicia o amenazado con perder la vida, desistía de darle seguimiento a la acusación.
Con el tiempo se llegó a la conclusión de que el cabo Domingo era sobornado por los delincuentes a cambio de que los dejara actuar a la libre, haciendo del lugar escenario impune de sus fechorías.
Denunciado el cabo Domingo y cambiada la dotación por completo, la Policía en acciones combinadas con la Dirección Nacional de Control de Drogas y el operativo “Ciudad Tranquila” de las Fuerzas Armadas, han mantenido a raya las pandillas.
El modus operandi de los grupos pandilleros es difícil de enfrentar porque es un escenario de difícil acceso, debido al abandono y mal estado de las calles, unido al vínculo permanente con otros grupos vecinos de pandillas de sectores como El Tamarindo, El Perla y Villa Liberación, considerados lugares de alta peligrosidad.
Hay versiones de vecinos que coinciden en señalar que las pandillas de estos sectores actúan de manera combinada y de colaboración mutua, lo que dificulta una acción efectiva de las autoridades antidrogas para enfrentarlas exitosamente.
La falta de instalaciones deportivas presiona la inclinación hacia la delincuencia de la juventud, al igual que la carencia de centros de educación pública. La Escuela Básica lleva más de un año en reconstrucción, lo que ha obligado a una masiva deserción estudiantil.
Actualmente los pocos alumnos que acuden al centro público de enseñanza reciben docencia en patios y en desvencijados locales.
Los apagones, de hasta diez horas ininterrumpidas en algunos meses del año, también incide negativamente para la baja asistencia que se observa en el horario nocturno de la docencia, amén de que una gran mayoría se abstiene de asistir por temor a ser víctimas de las pandillas. Con excepción de la que opera en la escuela pública, en Cancino Adentro no hay otra cancha para la práctica del baloncesto o el voleyball, otro factor que contribuye a que los jóvenes caigan atrapados en las redes de los vicios y la delincuencia.
Insalubridad y abandono.
- Al auge de la delincuencia se suma la arrabalización y el abandono de la comunidad por parte del Ayuntamiento del Municipio Santo Domingo Este o del Gobierno central. Las calles están totalmente abandonadas.
El 99 por ciento de esas vías asemejan arrabales, mientras la insalubridad también golpea con fuerza a sus habitantes. En el sector no hay un solo centro asistencial o dispensario médico del Estado para ofrecer consultas y primeros auxilios a pacientes. Una cañada donde se vierten las materias fecales de ambos lados del barrio ha sido detectada por las autoridades Salud Pública como la principal causa o foco de enfermedades infecto-contagiosas.
A principios de año una gran cantidad de niños y adultos fueron atacados por una rara enfermedad de la piel parecida a la “raquiña”, pero de consecuencias peores debido a los estragos que en sus cuerpos producían los hongos, acnés y otras patologías dermatológicas de difícil curación.
Cuando fueron detectadas las causas, después de muchas pruebas de laboratorios a personas afectadas, se determinó que una de ellas era la contaminación de las aguas de consumo humano. Aunque no se tienen cifras oficiales, la mortalidad infantil en Cancino Adentro es muy elevada.
Sin embargo, se sospecha que la desnutrición es la mayor causa de muerte en los niños. Son patéticos los cuadros de hambre y de insalubridad que se observan en las calles del sector: Niños harapientos, descalzos y famélicos son estampas cotidianas de un promontorio humano cuya existencia dista mucho de los patrones establecidos por la Organización Mundial de la Salud.